Educación

Cómo enseñar diseño sin reproducir las jerarquías del mercado

Las escuelas de diseño forman profesionales para el mercado o ciudadanos críticos. Esa elección pedagógica tiene consecuencias que van mucho más allá del aula.

Redacción Acento
14 mayo 2026
9 min de lectura

Cada vez que un profesor de diseño entra al aula, toma una decisión política, aunque no lo sepa. La decisión de qué proyectos asignar, qué referentes mostrar, qué criterios usar para evaluar, qué tipo de cliente simular en los ejercicios prácticos: todas estas decisiones construyen una imagen del diseño y del diseñador que los estudiantes internalizarán y reproducirán durante toda su carrera.

La pregunta es: ¿qué imagen estamos construyendo?

El currículo oculto del diseño

El sociólogo Philip Jackson acuñó el concepto de "currículo oculto" para describir todo lo que se aprende en la escuela que no está en el programa oficial. En las escuelas de diseño, el currículo oculto es poderoso y a menudo contradictorio con los valores que se declaran explícitamente.

Se declara que el diseño sirve a las personas. Pero los proyectos del aula casi siempre simulan clientes corporativos. Se declara que el diseño puede transformar la sociedad. Pero los criterios de evaluación premian la estética por encima del impacto. Se declara que el diseñador debe ser crítico. Pero se enseña a ejecutar briefs sin cuestionarlos.

El resultado es una generación de diseñadores técnicamente competentes pero políticamente pasivos, formados para servir al mercado y no para cuestionarlo.

Referentes que importan

Una de las formas más efectivas de reproducir jerarquías en el aula es a través de los referentes que se muestran. Si los únicos diseñadores que aparecen en las presentaciones son europeos y norteamericanos, blancos y hombres, los estudiantes aprenden implícitamente que ese es el estándar del buen diseño.

Ampliar los referentes no es solo un gesto de inclusión: es una decisión pedagógica que amplía la comprensión de lo que el diseño puede ser. Mostrar el trabajo de Alejandro Magallanes en México, de Ruben Fontana en Argentina, de Nontsikelelo Mutiti en Zimbabwe, de Sheila Levrant de Bretteville en Estados Unidos, es mostrar que el diseño tiene muchas tradiciones, muchas estéticas, muchas formas de entender la relación entre forma y contenido.

El proyecto como herramienta crítica

El tipo de proyectos que se asignan en el aula define qué tipo de diseñadores se forman. Un programa que solo asigna proyectos para clientes corporativos forma diseñadores corporativos. Un programa que incluye proyectos para organizaciones sociales, para comunidades locales, para causas que no tienen presupuesto, forma diseñadores con una comprensión más amplia de para qué sirve el diseño.

Esto no significa abandonar el rigor técnico. Significa aplicar ese rigor técnico a una gama más amplia de problemas y contextos.

Evaluar el proceso, no solo el resultado

Finalmente, los criterios de evaluación son un poderoso instrumento pedagógico. Si solo evaluamos el resultado final —la pieza terminada, el portfolio—, estamos enseñando que lo que importa es el producto. Si evaluamos también el proceso —la investigación, la argumentación, la capacidad de cuestionar el brief, la reflexión sobre las implicaciones éticas de las decisiones tomadas—, estamos enseñando que el diseño es una práctica intelectual, no solo técnica.

Esa diferencia, multiplicada por miles de estudiantes durante décadas, puede cambiar la cultura del diseño.

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Redacción Acento

Equipo editorial de Acento. Blog latinoamericano y global sobre educación y ética en el diseño, avalado por la UNAM y la UAM Azcapotzalco.

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